Iglesia Virtual bautista
Con el Pastor Luis Eduardo Gonzalez
Con el Pastor Luis Eduardo Gonzalez
Enseñanza y conducción Divina
Entonces quedamos en que ustedes iban a estudiar un poquito de Nehemias y desembocamos en el poder de la oración con lo que Nehemias pudo controlar. Controlar la tristeza y la amargura que él tenía por sus familiares, por sus hermanos judíos, por el muro de Jerusalén y tantas cosas que le estaban pasando, pero él con un coraje grandísimo, orando con una confianza espectacular en un poquito más de 50 días y sólo de otros que lo habían hecho en tiempos mucho más largos. Bueno, hoy tenemos dos palabras.
Hoy tenemos dos palabras. Enseñanza y conducción.
Luis Eduardo González
Pastor
jG
Enseñanza y conducción Divina
Muy buenos días mis apreciados hermanos, amigos y familiares. ¿Cuántas cosas nuevas hemos aprendido esta semana? Qué semana tan hermosa, motivante. Cómo el Señor se encarga de moldearnos de tal forma que todo lo que hablamos nos está enseñando cosas.
El lunes hablábamos de un tema muy interesante, guías o consejos para resolver conflictos. No los borren, no los voten, traten de mantenerlos. Es una lista muy interesante de guías y consejos para resolver conflictos.
Luego encontramos una segunda lección de la semana, del día martes, llamados a la benignidad. Sed benignos, no destructores. Sed buena gente, buenas personas.
Luego vimos el día de ayer algo que yo lo escuché en algún mensaje en algún momento y lo vi ahora en los apuntes que estoy buscando en el curso, en los cursos, y encontré la gente común que Dios utiliza. La gente común que Dios utiliza, la gente más humilde y que ha tenido más éxito en el mundo, ha sido la que Dios ha escogido. Humildes, sencillos, pero tienen una imagen ante el mundo espectacular.
La gente común que Dios utiliza. Este es el programa del día de ayer y espero que lo estén revisando. Es un poquito largo, pero también vimos algo sobre la oración.
Entonces quedamos en que ustedes iban a estudiar un poquito de Nehemias y desembocamos en el poder de la oración con lo que Nehemias pudo controlar. Controlar la tristeza y la amargura que él tenía por sus familiares, por sus hermanos judíos, por el muro de Jerusalén y tantas cosas que le estaban pasando, pero él con un coraje grandísimo, orando con una confianza espectacular en un poquito más de 50 días y sólo de otros que lo habían hecho en tiempos mucho más largos. Bueno, hoy tenemos dos palabras.
Hoy jueves y todavía nos queda mañana. Hoy tenemos dos palabras. Enseñanza y conducción.
¿Qué nos enseña el Señor? ¿Cómo nos conduce el Señor? Vamos a tener una palabra de oración para buscar la dirección de nuestro Padre Celestial. Nuestro Padre Celestial, nuestro amado y Señor, estamos ante tu presencia reconociendo que tú eres grande, fuerte, poderoso, que eres capaz de proteger a tu pueblo ante todas las adversidades que se presentaron. Y hoy, después de muchos años, sentimos tu presencia y tu protección en todo momento.
Gracias, Señor, por darnos esta oportunidad de tenerte cerca protegiéndonos. Como dice el salmista, el Señor es mi pastor. Nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar. Confiamos en tu palabra, Señor, que tú nos proteges, nos cuidas y nos llevas a sitios muy tranquilos donde podamos tener esa paz, esa benignidad que tú quieres que nosotros tengamos. Enseñanos hoy este par de palabras, Señor.
Déjanos algo en nuestras mentes y corazones con la que podamos hablar con otras personas. Bendice los hermanos de nuestra iglesia. De nuestras congregaciones.
La iglesia bautista de Girardot, las demás iglesias en la ciudad de Bogotá, de Zipaquirá, las iglesias hermanas que albergan a nuestros familiares y amigos de otras denominaciones, pero de una doctrina que tú estás manejando con ellos. Bendícelos, Señor, a todos, a sus padres, a sus hijos, a sus familias. Protégelos, Señor.
Te lo pedimos en el amado nombre de tu Hijo Cristo Jesús. Amén. Bueno, creo que tengo que tomar agua ya.
Dice Isaías 48, 17. Busquen Isaías 48, 17. Así ha dicho Jehová.
Está en ese versículo. Y así ha dicho Jehová. Redentor tuyo.
El santo de Israel. Yo soy Jehová, Dios tuyo, que te enseña provechosamente. Que te encamina por el camino que debes seguir.
Hermanos, versículo clave para tenerlo en nuestro corazón grabado. Una placa grabada ahí. Así ha dicho Jehová.
¿Qué dijo Jehová? ¿Qué dijo Jehová el Redentor tuyo? ¿Qué dijo Jehová el santo de Israel? Dijo, yo soy Jehová, Dios tuyo, que te enseña provechosamente. Te enseña provechosamente. Que te encamina por el camino que debes seguir.
Isaías 48, Isaías capítulo 48, versículo 17. Miremos bien qué nos trae este versículo, porque hay unas lecciones acá con solo este versículo. No vamos a mirar el contexto.
Miremos el versículo. ¿Cuántas cosas nos puede enseñar? Cuando Dios habla, debemos estar atentos. Hermanos, cuando Dios habla, debemos estar atentos.
Él se presenta de una forma peculiar, llamando nuestra atención hacia su persona. Hermanos, esto debe quedar muy claro. Él se presenta de una forma peculiar, especial, diferente, llamando nuestra atención hacia Él, hacia su persona.
Es Jehová el Dios que pacta. Hay muchas lecciones que hablan de los pactos del Señor. De pronto encontramos esas lecciones para comentarlas y mirarlas.
Es Jehová el Dios que pacta, el que se aproxima al hombre, el que ama al hombre, el que busca a los suyos para llevarlos en victoria. El Dios de las promesas que las cumple porque es fiel. También es nuestro Redentor.
No es individualmente, también Redentor tuyo. Es nuestro, pero también individualmente es tuyo. Nos ha comprado para sí.
Isaías es la profecía más grande del Señor Jesucristo. Nos ha comprado para sí. ¿Cómo nos compró el Señor Jesucristo? Dando su vida, ¿cierto? Pagando por nosotros el infinito precio de su vida.
El Redentor de todos los creyentes, pero quiere que lo consideremos a nivel personal y ante Él podamos decir, es mi Redentor. La entrega de su vida fue por mí. Además habla el Santo que no tiene relación con el pecado.
Nunca tuvo relación con el pecado. Tenemos que escuchar porque Él, Él perdona nuestros pecados. Tenemos que reconocerlo solamente, no de pronto pensar que hay muchas personas no les gusta que les mencione la palabra pecado en una predicación.
Hay que mencionarlo, mis apreciados hermanos. ¿Por qué? Porque si tú no confiesa tu pecado, el Señor no tiene oportunidad de perdonarte. Confiesa tu pecado.
Él nos ha comprado para sí, pagando por nosotros el infinito precio de su vida. El Redentor de todos los creyentes, pero quiere que lo consideremos a nivel personal y ante Él podamos decir, es mi Redentor. Es el que me redime, es el que me perdona.
La entrega de su vida fue por mí. Además habla el Santo que no tiene relación con el pecado, que es adorado por los ángeles, que dicen ante su trono, Santo, Santo, Santo. Este admirable Dios viene a mí, viene a mi encuentro para darme un mensaje al que debo prestar atención, porque no es hombre sino Dios quien habla.
La primera parte de su mensaje es para que recuerde quién es Él. La primera parte, todo lo que vimos es la primera parte, porque ya vamos hacia una parte secundaria. La primera parte de su mensaje es para que recuerde, para que usted mantenga en su mente quién es el Señor, quién es Él.
Mírame, dice, yo soy tu Dios. Búscalo, míralo, cierra los ojos y piensa en Él y Él te va a decir, yo soy tu Dios. El Creador de Dios de los cielos y tierra, el Creador de cielos y tierra, Sustentador del universo, dueño y Señor de los ángeles, Hacedor de maravillas, capaz de asombrarte con mi gloria, capaz de asombrarte con mi gloria hasta que necesites, hasta que necesitas y estoy pronto a ayudarte.
Este Jehová, mi Dios, extiende sus alas de protección cuando el frío de la prueba o el calor tórrido de la tribulación viene sobre mí. Es quien hace fortaleza para ser mi refugio, compañero para mi camino, consejero para mis dudas, consuelo para mis tristezas, esperanza para mi vida. Tal vez no lo he visto con claridad.
Cierra los ojos y dilo, tal vez no lo he visto con claridad, por eso llama mi atención hacia Él. El Señor llama tu atención hacia Él para decirme, soy tu Dios que te hablo. A muchos de nuestros autores que están dentro de la Biblia, Samuel, Saulo de Tarso, otros personajes que el Señor llamaba, ¿cómo tenían que contestarle? Eme aquí, Señor, eme aquí, aquí estoy para servirte.
En algún momento le contestó otro, eme aquí, envíame a mí. Por lo tanto podemos decir, es quien se hace fortaleza para ser mi refugio, compañero para mi camino, consejero para mis dudas, consuelo para mis tristezas, esperanza para mi vida. Tal vez no lo he visto con claridad y por eso el Señor tiene que llamar mi atención, tiene que jalarme las orejas.
Por eso llama mi atención hacia Él para decirme, soy tu Dios que te hablo. Está empeñado en una tarea. Está el Señor empeñado en una tarea.
Por eso decíamos al comienzo, conducción, enseñanza primero, conducción, cómo nos maneja. Está empeñado en una tarea, que yo aprenda, que deje de ser un niño espiritual para avanzar en la madurez de la vida cristiana. Su escuela no es siempre fácil para mí.
En ocasiones me sienta en el banco de las pruebas para enseñarme la lección de la dependencia, de la paciencia y de la confianza. Otras veces me sitúa en el taller de los milagros, haciéndome ver que es poderoso para hacerme superar los obstáculos más difíciles, trasladándome sobre sus alas de gracia. En momentos me hace sentar junto a rollos de aguas y me da descanso sobre pastos de amor.
Cada paso de mi vida es una experiencia más en su programa para mí. Que aprenda provechosamente, que aprenda provechosamente. Hermanos, el santo y glorioso Dios está abriendo el camino por donde debo andar.
Él te está indicando, escúchalo, no corras, no te fíes de tus recursos, piensa que el Señor es primero. El santo y glorioso Dios está abriendo el camino por donde debes andar o por donde debo andar. Cada uno debe decirlo en esa forma, pero es personal, por donde debo andar.
Cada recodo curva, cada tramo recto, cada cuesta empinada, cada lugar resbaladizo, paso a paso ha marcado mi camino. La luz de su rostro alumbra cada momento. La mano de gracia toma la mía para hacerme avanzar cuando las fuerzas flaquean.
Su dedo apunta al último tramo alertándome mientras me señala las gloriosas eternas que podré disfrutar a su lado para siempre. Qué promesa tan grande, qué felicidad pensar que yo puedo estar al lado de nuestro Padre Celestial, que tú puedes estar al lado de tu Padre Celestial. La Biblia dice por gracia, esa es la gracia del Señor, por gracia soy salvos, por la fe y esto no es de la fuerza tuya, no es de vosotros, sino es un don de Dios.
¿Quién es Dios? El Santo y Glorioso Dios está abriendo el camino por donde debo andar. Por donde tengo que andar, el Señor me lo está indicando. Cada recodo, cada curva, cada tramo recto, cada cuesta empinada, cada lugar resbaladizo, paso a paso ha marcado mi camino.
La luz de su rostro alumbra cada momento, la mano de su gracia toma la mía para hacerme avanzar cuando las fuerzas flaquean. Su dedo apunta al último tramo alentándome mientras me enseña las glorias eternas, que podré disfrutar a su lado para siempre. Hermanos, esta semana ha sido de gran bendición.
¿Cuántas cosas hemos tenido que aprender? y ¿cuántas cosas nos faltan por aprender todavía? Porque vamos a tener todavía más, un programa más para esta semana y que estoy completamente seguro va a ser algo como esto. Esfuérzate y sé valiente. Esfuérzate hermano, hermana y sé valiente.
Mira todo lo que nos ofrece el Señor y mañana los invito a escuchar este siguiente programa. Ya lo tenemos, ya estamos trabajando sobre él para terminar la semana con lujo de detalles y aprendiendo tantas cosas. Ha sido una semana de una gran bendición.
Espero que aprendan amigos todos estas cosas, que se despierten con los deseos más grandes de poder tener el momento preciso para escuchar la palabra del Señor. Este es el mensaje, este es el devocional, pero no dejen de lado estudiar el recorrido de la Biblia, a través de la Biblia y ese pequeño mensaje de todos los días, alimento para el alma. No lo dejen de lado porque los está nutriendo, está haciendo de su espíritu algo grande y el Señor nos está llevando de la mano para hacer, para defendernos, para ponernos en un ambiente como lo dice el Salmo, protegidos, en un sitio donde no tenemos tensiones nerviosas, de nada.
Alzaré mis ojos a los montes de donde vendrá mi socorro. El socorro viene de Jehová. Y el versículo 17 de Isaías 48 dice, así ha dicho Jehová.
¿Quién es Jehová? El Redentor tuyo. ¿Quién es Jehová? El Santo de Israel. Dice el Señor, yo soy Jehová, Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.
Anotaron el versículo Isaías 48, 17. Apreciados amigos, esperamos que les sea de gran utilidad en la vida este estudio en los que hemos pasado esta semana. Repásenlo, no los borren hermanos, repásenlos.
Les va a ser de mucha utilidad. Y pregunten, comenten. Demuestren que están interesados en que se continúe.
El Señor no me deja parar. Pero es muy triste cuando uno no se da cuenta si entendió o no entendió. Mi amigo, mi hermano, mi familiar.
Comenten algo sobre los mensajes que Dios pone en nuestra mano, en nuestros corazones, para que los desarrollemos, para llenar mi espíritu, para que el espíritu esté enseñándonos cada día más. Que Dios los bendiga grandemente y nos veremos mañana nuevamente en nuestro Devocional con Luis Eduardo.
Luis Eduardo Gonzalez
Pastor
jG